Octavio de Jesús nació con un mal congénito muy poco frecuente, una atresia esofágica de segmento largo, que le imposibilitaba alimentarse de manera normal. A la lesión esofágica antes mencionada, se le sumaban otras complicaciones al cuadro clínico del menor, como comunicación anormal del esófago inferior al bronquio derecho, bronco aspiración con riesgo de neumonía e hidrocefalia.
El esfuerzo conjunto de tres instituciones: el Hospital de Niños Roberto Gilbert E. (HRGE), el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) y la Cámara de Industrias de Guayaquil (CIG), hizo posible el milagro de darle a Octavio una vida normal después de tres años de lucha.



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