
Octavio de Jesús nació con un mal congénito muy poco frecuente, una atresia esofágica de segmento largo, que le imposibilitaba alimentarse de manera normal. A la lesión esofágica antes mencionada, se le sumaban otras complicaciones al cuadro clínico del menor, como comunicación anormal del esófago inferior al bronquio derecho, bronco aspiración con riesgo de neumonía e hidrocefalia.
El esfuerzo conjunto de tres instituciones: el Hospital de Niños Roberto Gilbert E. (HRGE), el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) y la Cámara de Industrias de Guayaquil (CIG), hizo posible el milagro de darle a Octavio una vida normal después de tres años de lucha.
La CIG, al conocer del caso de Octavio – hijo de una de sus colaboradoras, María Mercedes Echeverría – se propuso unir esfuerzos con el Hospital Roberto Gilbert, y gracias al convenio que este centro de salud mantiene con el IEES a través de la Junta de Beneficencia de Guayaquil, se pudo llevar a cabo una gestión exitosa.
Para restablecer la continuidad entre su esófago y estómago, Octavio recibió una transposición colon-esofágica por medio de varias intervenciones quirúrgicas. “En principio, se le cerró la comunicación anormal (fístula) entre el pulmón y el esófago, se le hizo una esofagostomía y una gastrostomía, para alimentarlo por vía enteral”, explicó el Dr. Miguel Astudillo, cirujano Pediatra quien ha estado a cargo de Octavio desde su nacimiento. “Cuando los cabos de ambos esófagos están a una distancia menor a 3 cm., técnicamente es posible la aproximación de ambos y su unión en ese mismo momento. Cuando no es así, los tejidos no soportan el estiramiento que hay que hacer para re-canalizarlo, y esto impide hacer en un solo tiempo la anastomosis (unión), por lo que hay que diferirlo para hacerlo con otro tipo de uniones”, continuó el Dr. Astudillo.
Para realizar la conexión entre el esófago y el estómago, se trasplantó 20 cm. de colon (órgano tubular), con toda su vascularización y con conexiones establecidas entre esófago-colon, colon-estómago y estómago intestinos. Esta intervención quirúrgica de alto riesgo duró más de cuatro horas, y contó con la participación de un equipo multidisciplinario conformado por cirujanos, intensivistas, anestesiólogos y un neurocirujano. Esta operación, de un valor aproximado de 60 mil dólares, se realizó sin costo alguno.
El caso de Octavio no es muy común. Según las estadísticas, la atresia esofágica se da en uno de cada 3.500 nacidos vivos; mientras uno de cada diez mil niños nace con ausencia de esófago de segmento largo. En ambos casos, existe un alto índice de mortalidad. El Hospital de Niños Roberto Gilbert atiende quirúrgicamente uno o dos casos similares al año, de pacientes que requieren trasposición colo-esofágica.
Los padres de Octavio han consolidado su fe en Dios gracias a los médicos del HRGE, quienes siguen tratando al menor y practicándole nuevos exámenes y chequeos periódicamente.
“Gracias a Dios, nuestro hijo sigue ganándole la batalla a la vida, librando día a día con cualquier adversidad que se le presente. Y nosotros conocemos lo que tiene este hospital, un hospital amigo donde encontramos no solamente la atención médica, sino también la mano amiga presta a ayudarnos, a orientarnos, a animarnos y a confortarnos”, asegura Mauricio Segovia, padre de Octavio.









